marzo 08, 2017

Cuando el cuerpo habla lo que la palabra calla

Todo lo que silenciamos nos enferma. Pautas para evitar somatizar.


"Esta situación me desgarra, me come las tripas, me pone muy triste, ¿sabés? Pero no puedo, no puedo digerirlo. No soporto la distancia con mis hijos, yo decidí separarme de la madre, el no tener la cotidianeidad con ellos no puedo tolerarlo. Los extraño, los extraño mucho".
El que habla es un hombre de 45 años que se quiebra y llora, llora como un niño, grandote y barbudo como es, enfrente mío, un hombre–niño llora su dolor.


Marcelo (así lo llamaré) se divorció hace menos de un año. Estoico, positivo, sensible pero duro, se resistía a hablar de su padecer. Su cuerpo, sin embargo, lo hacía por él. Trastornos del sueño, palpitaciones y, sobre todo, un cuadro intestinal agudo del que habían descartado cualquier tipo de origen orgánico. Lo que se conoce como intestino irritable, diversos malestares que por diagnóstico diferencial y por descarte, queda ubicado en el plano emocional.
Pasan varias semanas en las que continua hablando, hasta que un día de lluvia y frío trae dos chocolates (venían muy bien en un día como ese). Uno para él, el otro como agradecimiento para mí. “Mi panza es un violín", dice y la sonrisa se le escapa de la cara. "Lloré tres días seguidos y dormí, descansé como hace mucho no podía. Y la panza, una maravilla, comí lo que quise y abracadabra, ni una molestia". Marcelo pudo, finalmente, empezar a digerir lo doloroso.


Todo lo que callamos, absolutamente todo lo que de alguna u otra manera silenciamos, nos enferma. Y cuando la palabra se hace presente ¡magia! O no tanto, pero el cuerpo se aquieta.
No quiere decir, de ninguna manera, que no nos duela lo mismo, pero en el lugar donde debe doler. Y podemos empezar a hacer con nuestra angustia algo productivo. Podemos procesarla, masticarla, hacerla cada vez un poco más liviana y, lentamente, sin más apuro que el tiempo lógico de la elaboración, dar vuelta la página.


El ser humano es uno, somos mente y cuerpo, soma y psiquis, carne y emociones, cuero y sueños. Y lo lindo que vivimos se entrelaza con lo doloroso. De la misma manera por la que vibramos con lo maravilloso del vivir, que nos conmovemos y sentimos cosquillas en el alma cuando nuestros deseos se cumplen, de igual forma reímos hasta llorar, o lloramos hasta, más luego, poder empezar a reír.
Desconocer la relación entre las enfermedades y el dolor psíquico es casi tan insensato como escalar una montaña descalzo y de espaldas. Se ensamblan, se entrelazan. Nos ponemos nerviosos y nos duele la panza antes de dar exámenes. Tenemos palpitaciones antes de que nuestro equipo patee el ultimo penal de la serie. Nos falta el aire antes de decir el primer “te amo”. Nos tiemblan las piernas cuando está por nacer nuestro hijo. Se anudan garganta, pecho y estómago cuando la emoción nos invade.


Si a cada una de estas manifestaciones corporales sigue el correlato del decir y la descarga saludable, el ciclo se cierra. Si podemos ponerle palabras a nuestros nervios y decir simplemente “estoy muerto de miedo”. Si gritamos el gol eufóricos luego del penal, o tristemente nos abrazamos buscando consuelo con el compañero de tablón por la pelota rifada arriba del travesaño. Si lloramos mirando la maravilla de la vida cuando finalmente nuestro pequeño ve la luz fuera del vientre. Y así en cada uno de los ejemplos que podamos pensar e imaginar.
Si ponemos la palabra por delante, si nos permitimos no taponar lo que sentimos, ahí el circuito de la carga-descarga–relajación se cumplirá. Y no enfermaremos y pasaremos por los estadíos por los que tenemos que pasar, y las emociones tendrán salida.


Si a cada estimulo de importancia, si cada suceso relevante en nuestra vida tiene como correlato la salida de la emoción que genera, tenemos grandes chances, enormes posibilidades de enfermarnos menos, mucho menos.
Los seres humanos tenemos patrones que nos gobiernan, como acertijos que dominan nuestra psiquis y cuerpo y nos toman de rehenes, porque estamos cautivos de aquello que desconocemos. Cuadros de angustia (a veces mal llamado ataques de pánico) frente a determinadas situaciones, temblores en los espacios abiertos, sudor frío frente a la presencia de la autoridad, una opresión angustiosa en el pecho ante la mirada crítica de quien queremos que nos avale, y podemos seguir la lista. Todas viñetas en donde el cuerpo se pone como coraza, habla sin saber que dice, y de eso se trata, de darle letra para que entienda. Y entonces, la angustia, los temblores, el sudor, la opresión en el pecho, no tendrán razón de ser.
Podremos desarrollar herramientas y mecanismos para evitar estos “atajos” que son síntoma de lo no procesado.

Que levante la mano la tristeza
Tenemos miedo a la tristeza, tiene mala prensa. Es mejor estar contento, claro está, quien podría negarlo. Tenemos la fantasía que si hablamos de aquello que nos entristece la tristeza será mayor. Terrible error: por el contrario, cuando habilitamos a través de la palabra la salida de la angustia solo abrimos dique para que desagote aquello que se encuentra estancado.
El aparato psíquico (y me habilito una metáfora burda pero clara) es como una cañería, y las emociones el líquido que por él debe fluir: si se atasca, es sarro y taponamos arterias, canales digestivos, respiratorios, calles y avenidas principales de nuestro cuerpo. Como decía el poeta, “nos queda la palabra”.

Las rutas principales de la somatización
Hay tres canales por excelencia en el proceso de las enfermedades psicosomáticas. Ya hablamos de una de ellas con el ejemplo de Marcelo, las que afectan el aparato digestivo.
Un médico amigo me explicaba en una ocasión que el intestino es como cuerdas, se relaja si estamos distendidos, se tensa a menudo si así nos encontramos. Un altísimo porcentaje de los trastornos digestivos son de origen emocional. Una de las patologías más frecuentes en consultorio tiene relación con esta parte compleja y sensible de nuestro cuerpo.
El órgano más extenso del ser humano, la piel, es otra de las vías por excelencia destinada a decir lo que no podemos. Muchas imágenes ilustran esto: "me brota", "me da urticaria", "me pone la piel de gallina" y cada uno de los lectores puede pensar qué de su piel se activa ante diferentes emociones.


Las vías respiratorias es el tercer vértice del triángulo. Los trastornos asmáticos tienen una clarísima relación con aspectos subjetivos no procesados ni resueltos.

El psiquismo, maquinaria perfecta
Tiene 37 años, vivió los últimos diez al lado del “amor de su vida” como solía repetir. Repentinamente, él decide marcharse, sin más razón que el “dejé de amarte”. Devastada, no puede llorar, perpleja, paralizada, furiosa y decepcionada. Repetía incesantemente "no puedo vivir sin vos, no soporto estar así, sin vos la vida no tiene sentido".
Lo decía por audio en su teléfono, lo escribía en un cuaderno, en sus sesiones de terapia, lo decía y no reaccionaba, ni una sola lágrima rodaba por sus mejillas. Y tal fue la fijación a la idea de que sin VOS no podía vivir, que un día amaneció, efectivamente, muda, se había quedado, como la profecía anticipaba, sin VOZ.
En lo más profundo de su cabeza, en los confines de su imaginario, el VOS se hizo carne, se hizo síntoma, se hizo silencio. El llanto no llorado la enmudeció y estuvo más de 20 días sin poder decir palabra, hasta que habló y lloró todas las lágrimas que había guardado en la negación de la partida de su hombre. Lloró y empezó a vivir una vez más.



No quiero olvidarme, en cierta franja de la vida, de las enfermedades cardiovasculares. Si de sufrir por amor se trata, podemos tener el “corazón roto”. Y el corazón a veces se rompe literalmente si sobredimensionamos la pérdida el ser amado.“Nadie muere de amor” dice el refrán y así debiera ser si damos por la ruptura lo que la ruptura vale.
Lo que no nos mata nos fortalece, pero el fortalecimiento a menudo es caro si pasamos por mecanismos de defensa en lo que nos atrincheramos, disociamos, negamos, nos empecinamos en afirmar que no, que no puede ser. Aceptar la brecha entre lo ideal y lo posible nos ayuda a crecer. Y crecemos toda la vida, si es posible, si nos permitimos, lidiar con la difícil idea de que las cosas no son, claro que no, siempre como queremos. Enojarnos, patalear, enfermarnos, nos empequeñece. Si entendemos, relativizamos y miramos hacia adelante, las nubes son cada vez más claras, y la luz cada vez más nítida.

Algunas claves para enfermar menos

Pedir ayuda
Muchas veces pensamos que estamos solos, que a nadie podemos contar nuestro sentir. En la gran mayoría de los casos esto no es así. A menudo por pudor, frecuentemente por un orgullo desmedido, soportamos estoicamente mucho más de lo prudente. Pedir ayuda sabiamente es un antídoto para el enfermar y sobretodo, para el sufrimiento estéril, ese que podemos elegir.
En la vida habremos de sufrir (es parte de ella), pero hay una porción que tiene que ver con este cuerpo parlante que dice lo que callamos, que depende, una vez más, afortunadamente de nosotros.
Es importante elegir en quien confiar: hay amigos e interlocutores válidos para cada uno de los problemas que nos atraviesen, compartir el malestar es menester.

Prevenir, escucharnos, anticipar
Cuanto más temprano podamos detectar aquello que nos lastima, obstruye, que simplemente nos duele, más pronto podremos ponerlo en caja y prevenir que pase del lado del cuerpo.
Claro está que una vez que lo patológico se ha instalado en lo orgánico, será la medicina la que tendrá que intervenir, tratando lo que en muchos casos es la sintomatología de lo no dicho que nos ha enfermado. Mientras tanto, podemos (debemos, diría yo) poner palabras a tiempo para que el malestar circule, transite, y salga quizás dolorosa, pero saludablemente.
El silencio, el callar, nos resta, nos empequeñece. Decir a tiempo, mirar para adentro, nos cuida, nos protege, nos alivia.
Así de sencillo, así de complejo. Los invito entonces a amasar palabras para construir una vida lejos de los dolores innecesarios, y más cerca de las emociones genuinas.

Nota del diario Clarin
*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Director de Escuela para padres. Autor de Generación Ni-Ni y coautor de Padres a la obra.​



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http://www.inteligencia-emocional.org/curso/index.htm











marzo 01, 2017

INVENTARIO DE COMPETENCIAS EMOCIONALES Y SOCIALES


Autoconciencia Emocional: Reconocer las emociones y sus efectos
Autocontrol emocional: Mantener las emociones perturbadoras y los impulsos en jaque
Adaptabilidad: Flexibilidad en el manejo del cambio
Orientación hacia el Logro: Esforzarse por mejorar o cumplir con un estándar de excelencia
Perspectivas positivas: persistencia en la consecución de objetivos a pesar de los obstáculos y contratiempos
Empatía: Sentir los sentimientos y las perspectivas de los demás, y tomar un interés activo en sus preocupaciones
Conciencia Organizacional: Leer las corrientes emocionales y las relaciones de poder de un grupo
Entrenador y Mentor: Detectar las necesidades de desarrollo de otros y reforzar sus habilidades
Liderazgo Inspiracional: Inspirando y guiando a individuos y grupos
Influencia: Manejar tácticas efectivas para la persuasión
Gestión de Conflictos: Negociando y resolviendo desacuerdos
Trabajo en equipo: Trabajar con otros hacia metas compartidas. Crear sinergias de grupo en la consecución de objetivos colectivos.


CURSO ON LINE DE INTELIGENCIA EMOCIONAL Y HABILIDADES SOCIALES CON TUTORÍA
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febrero 17, 2017

Los cuentos infantiles enseñan sin dar lecciones, es el niño quien extrae su significado.

Inteligencia Emocional en la Educación


La lectura es un ejercicio fundamental que va más allá del aprendizaje del lenguaje. Se trata de la posibilidad de desarrollar la empatía y de comprender nuestros sentimientos. Leer es toda una experiencia emocional.

Es una sala de simulación casi infinita, un tobogán a nuevas situaciones, sensaciones y experiencias; un lugar de aprendizaje en el que comprender las emociones, ponerse en la piel de otros, ser miles de seres. Un ejercicio mágico de empatía. Los avances en neurociencia apuntan que se trata de un buen hábito para mantener en forma las capacidades mentales y por ende nuestro cerebro. Es además un gozo.

"La lectura y la literatura son eminentemente emoción, cuando las personas leen obras literarias lo que viven son experiencias emocionales. De ahí la importancia de insistir a las familias para que estén leyendo cuentos, ya que en estos cuentos, además de pasárselo bien, siempre hay una lección de vida, una lección ética, moral, de bienestar, de convivencia, de comprensión, de solidaridad", explica Rafael Bisquerra, director del posgrado en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona.

"La lectura y la literatura son eminentemente emoción, cuando las personas leen obras literarias lo que viven son experiencias emocionales. De ahí la importancia de insistir a las familias para que estén leyendo cuentos, ya que en estos cuentos, además de pasárselo bien, siempre hay una lección de vida, una lección ética, moral, de bienestar, de convivencia, de comprensión, de solidaridad", explica Rafael Bisquerra, director del posgrado en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona.

extracto

20minutos.es

enero 09, 2017

Daniel Goleman: “Los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real”

¿Sufre nuestra sociedad de analfabetismo emocional?En gran parte. La vida moderna nos hace estar más centrados en la tecnología, estar más presionados, y nos quita tiempo para estar tranquilos y reflexionar, un aspecto fundamental para potenciar la conciencia de uno mismo.
¿Perdemos mucho tiempo embobados con la tecnología?Nos quita tiempo que podríamos destinar a estar con la gente que queremos y por la que nos preocupamos, y así potenciar nuestra inteligencia social. Por este motivo, pienso que la sociedad está afectada por el analfabetismo emocional.
¿Por qué es tan importante que los niños aprendan a manejar sus emociones?Para que sean seres emocionalmente inteligentes. Los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real, especialmente cuando son jóvenes. Es importante que aprendan a relacionarse y a manejar las emociones negativas a través de sus padres, hermanos o amigos.
¿En qué consisten los programas de alfabetización emocional?Lo que llamamos programas de aprendizaje emocional y social en los Estados Unidos es una manera de ayudar a los niños a recibir lecciones básicas sobre inteligencia emocional. Este conocimiento les ayudará tanto en el trabajo como en la vida, e incluye la  potenciación de la autoconciencia, la autorregulación, la empatía, las habilidades sociales…
Habilidades necesarias para relacionarse…Imprescindibles, pero que no se encuentran en un plan de estudio escolar ordinario, aunque  a lo largo de la vida son cada vez más importantes para tener plenitud y éxito.
¿Cuándo se deben empezar a enseñar estas habilidades?Los mejores cursos son los que se desarrollan desde muy pequeños y hasta que los estudiantes están listos para ir a la universidad. Estos aprendizajes se basan en estrategias de involucración de los estudiantes y las familias, aunque también sirven de ayuda a los profesores para que incorporen estas habilidades.
Si los programas de alfabetización social y emocional están obteniendo tan buenos resultados, ¿por qué no se incluyen en los planes de estudios?El mundo académico ha estado siempre centrado en las capacidades intelectuales y de razonamiento, y la emoción se considera una interferencia, algo que no resulta útil para la comprensión de los contenidos académicos.
Pero son igualmente importantes.No incidir en las emociones es una percepción anticuada, ya que cuando mejor entendemos cómo funciona el cerebro, obtenemos más información que corrobora  que el estado de nuestras emociones es, en realidad,  el que determina la capacidad para razonar y aprender.
Por lo tanto, son indispensables para el aprendizaje de los estudiantes.Ahora los especialistas científicos sobre el cerebro nos dicen que tenemos que ayudar a los estudiantes a estar mejor preparados en el manejo de sus propias emociones, para conseguir mejores resultados de aprendizaje.
¿Qué importancia tiene que los jóvenes aprendan a focalizar?Es absolutamente crucial, tal y como explico en el libro Focus. La capacidad básica es prestar atención a lo que es importante e ignorar lo que es irrelevante. De esta manera podemos concentrarnos en una meta y seguir trabajando hacia ese objetivo, a pesar de los obstáculos y distracciones con las que nos encontramos.
¿Cuáles son las ventajas de aprender a focalizar para la sociedad futura?Hay un enorme desafío para la sociedad en mantener agudas nuestras habilidades de atención, incluso al sumergirnos en el mar de distracciones que suponen el entorno digital y sus dispositivos. Hace años, cuando nos adentrábamos en una buena lectura y nos perdíamos con las historias del libro era más fácil concentrarnos.
Nada conseguía distraernos ante las páginas de un buen libro…Ahora los niños tienen que enfrentarse a una distracción tras otra y creo que este es un argumento suficientemente potente para ayudarles a potenciar sus habilidades de atención como parte fundamental de la educación.
¿Cómo pueden los profesores enseñar a los niños a prestar atención?Existen muchos métodos. Uno de ellos tiene que ver con una experiencia llevada a cabo con niños de 7 años de Harlem. Procedían de barrios muy pobres y circunstancias muy dramáticas,  pero con una sesión diaria sobre “respiración”, se acostaban boca arriba con su animal de peluche favorito en el vientre, contaban 1-2-3 al ritmo de su respiración, y conseguían  fortalecer los circuitos cerebrales de la atención. Cuantos más ejercicios de este tipo realicemos, más fuerte se hace la focalización.
¿Cuál debe ser la misión actual de un profesor?La misión del profesor  consiste en ayudar a sus alumnos a convertirse en mejores estudiantes con el objetivo de  que aprendan mejor, enseñándoles las habilidades básicas de la atención, para  que puedan gestionar adecuadamente sus propias emociones destructivas y resistir las distracciones impulsivas.
Objetivos antes olvidados…Esto quiere decir que el plan de estudios social y emocional debe formar parte de la misión de educar a los estudiantes por parte de los profesores.
¿Y qué papel deben jugar los padres en el proceso de aprendizaje emocional de sus hijos?Los padres son los primeros tutores de sus hijos en cuanto a la inteligencia emocional se refiere. Los niños aprenden mucho de sus padres  y  este aprendizaje les sirve de base a lo largo de su vida. Lo mejor que los padres pueden hacen por sus hijos es ser seres emocionalmente inteligentes.
CURSO PRÁCTICO ON LINE DE INTELIGENCIA EMOCIONAL

octubre 03, 2016

Liderazgo y conexión emocional




Tienes urgencia y una lista de tareas en la mente, y alguien se te acerca y quiere charlar. Puede ser una interrupción irritante - o la oportunidad de cambiar de marcha por un momento, realmente conectar y luego seguir adelante.
El camino que tomes puede tener importantes implicaciones. 

Ya que estamos en el modo de " deber " nos centramos en conseguir realizar las tareas y hacer caso omiso de las personas que nos rodean. Eso puede ser productivo en el corto plazo, pero si usted es este tipo de líder rígido no podrá conectarse con ellos. Sólo mediante la conexión que puede guiar, inspirar, escuchar, comunicar, motivar o influenciar.
Los líderes perfeccionistas se fijan en los defectos de su gente, sólo dan malas calificaciones, nunca elogian el buen desempeño. La investigación sobre los estilos de liderazgo perfeccionistas concluye que tienen un impacto negativo en el estado y el rendimiento emocional a sus subordinados directos.

La buena noticia: los modos pueden cambiar. Los entrenadores pueden ayudar a guiar este cambio, y los líderes que están muy motivados para mejorar lo pueden hacer por su cuenta.
En su libro Mind Whispering, se  detalla los pasos de lo que Tara Bennett Goleman llama " cambio de hábito consciente” Un nuevo mapa para la Libertad de hábitos emocionales autodestructivos.


septiembre 06, 2016

Bullying: ¿Cómo ayudo a mi hijo a defenderse?

Pocas cosas deben ser tan angustiantes y enfurecedoras para un padre, como ver que su hijo es maltratado por otros niños. ¿Qué hacer ante esto? La clave está en reforzar la autoestima del niño y dotarlo de herramientas contra los abusos.

“¡Córrete cuatro ojos!”, “¡Tú no puedes jugar!”, “¡Eres niñita!”. Mateo, de 7 años, se ve sometido recurrentemente a este tipo de burlas. Es un niño tímido y ante los insultos se ve muy afectado y no sabe cómo actuar, permitiendo que lo pasen a llevar y poniéndose a llorar, generalmente. Sus padres se dieron cuenta que no tenía ganas de ir al colegio, y conversando con él, les contó que sus algunos compañeros lo molestaban por usar anteojos, porque es malo para el fútbol y no lo dejan jugar. Ellos, muy tristes y preocupados, deciden tomar cartas en el asunto. ¿Cómo ayudar a su hijo cuando lo molestan?
Lo primero y lo más importante, es mostrarle al niño que no está solo y brindarle contención. Dejarle en claro que quienes lo molestan son los que están cometiendo un error y que él no tiene de nada que sentirse mal o avergonzarse. Que él es querido o valioso tal cual es y nadie puede decirle o hacerle sentir lo contrario.
En segundo lugar, los padres deben entender que este tipo de situaciones deben ser abordadas no solo desde la casa, sino que desde el colegio. Por eso, es necesario involucrar al profesor del niño, para que se haga una intervención del tema como curso.
Y en tercer lugar, pero no menos importante, además de remendar la situación puntual del bullying, es necesario ir a la raíz de la situación y tratar de descubrir por qué al niño lo están molestando y de dónde viene su dificultad para defenderse.
Por lo general, los agresores eligen a sus vícitmas porque no pueden defenderse y los ven más débiles y vulnerables. Si a un niño lo molestan, y a éste le es indiferente o responde, es probable que no lo vuelvan a molestar. Mientras que si a un niño le afecta, el agresor logrará su objetivo y seguirá siendo su víctima. Éste busca la reacción del agredido.
Es por eso que es muy importante indagar cuáles son los motivos por los cuales nuestro hijo es pasado a llevar, para así poder ayudarlo e intervenir en lo que está de base. Esto puede ser por diversas razones, desde falta de autoestima, poca habilidad para relacionarse, hasta alguna inmadurez de desarrollo que no le permite defenderse. Si somos capaces de descubrir la raíz de la situación y brindarle apoyo para superarlo, le entregaremos herramientas que lo ayudarán para toda su vida a evitar ser víctima de maltrato.
Pero además de buscar resolver el problema de raíz, hay que entregar a los hijos herramientas que le ayuden a enfrentar de la mejor manera posible alguna situación de abuso. No basta con decirle “pégale”,”acúsalo” o “ignóralo” si lo molestan. Debemos enseñarle estrategias para enfrentar conflictos, porque de esa manera podrá manejar cualquier situación.
El problema entre una víctima y su victimario es una dinámica incorrecta de comunicación y tiene que ver con las habilidades sociales y la manera de relacionarse de las personas. Ante todo evento en la vida, las personas se relacionan entre sí de diferentes formas, en una línea donde en un extremo está la agresividad y en el otro la pasividad. El equilibrio es la asertividad, el centro entre ambos, y enseñarles a nuestros hijos técnicas de asertividad puede ser una herramienta muy útil para que no los pasen a llevar.
Así también es muy importante enseñar a nuestros hijos a defenderse, a decir lo que sienten y lo que piensan sin temor, a sentirse seguros de sí mismos y no permitir ningún tipo de burla o menosprecio hacia ellos. Y defenderse no quiere decir pegar de vuelta o devolver la agresión necesariamente, sino que pasa por la actitud de seguridad del niño y saber cómo actuar ante determinadas situaciones.

 

¿Qué estrategias podemos enseñarles?

 

No  existe un recetario que nos diga cómo actuar ante determinada situación. Esto dependerá de la personalidad de cada niño y de la situación a la que se enfrente. Pero sí podemos enseñarles algunas estrategias generales para que ellos cuenten con herramietnas para enfrentar el maltraro:
- Mostrar seguridad en sí mismos. Hacer comprender a los hijos que nada de lo que les digan tiene importancia, porque ellos son valiosos y queridos tal cual son. Así, si les dicen alguna pesadez, como “Cuatro ojos”, sabrán que no tiene sentido, que es cierto que usa anteojos, pero no pierde su encanto por eso y no hay nada de malo en usarlos. Se puede ensayar frases con el niño, por ejemplo, si le dicen “Eres tonto” que se diga a sí mismo “Sé que soy inteligente”.
- Decir lo que sienten y no tener miedo a expresarse. Así, ante algua pesadez, pueden responder con voz fuerte y clara, “No me gusta que me digas eso, me molesta”. Esto se puede practicar con el niño, diciendo frases cortas y directas.
- Poner límites y hacerse respetar. Por ejemplo, si le quitan algo que está usando, en vez de permitirlo, decir tranquila pero firmemente, evitando que se note que siente miedo “Yo lo estoy usando, devuélvemelo. Cuando termine te lo paso”.
- Solucionar conflictos. Por ejemplo, si no quieren prestarle el columpio en la plaza, en vez de ponerse a llorar, decirle al niño que deben hacer turnos. Así lo verán menos vulnerable.
- Evitar a los niños molestosos.
- Acercarse a otros niños de manera confiada, sin agresividad ni pasividad.
- Controlar sus emociones. El objetivo del acosador es que su víctima se sienta mal, por lo que no hay que darle en el gusto. Después del momento desagradable, podrá contar lo que sintió a alguien de su confianza. Por ejemplo, puede enseñar al niño a contar hasta diez y contener el enojo o las lágrimas hasta que haya pasado el peligro.
- Ignorar. En algunas situaciones valdrá la pena hacer “oídos sordos” de manera que el agresor no logre su objetivo. Por ejemplo, si va por el patio y le gritan “Guatón” no sentirse aludido y pasar de largo, sin mirarlo.
- "Dar vuelta la tortilla". El agresor espera que su víctima se sienta mal. Si el niño logra descolocarlo, ya sea respondiéndole con una ironía o convirtiendo el insulto en un chiste, su pesadez no tendrá efecto y se dará cuenta que no tiene sentido molestarlo, además que lo desautorizará frente al resto. Por ejemplo, si un niño le dice “Pailón”, que le responda, “Sí, tengo mucha suerte porque puedo escuchar mejor la música”.
- Hablar con un adulto y pedir ayuda si de verdad lo necesita. Eso no es "ser acusete", sino que es buscar protección. Por ejemplo, si el niño que molesta es uno más grande, la víctima puede que no cuente con los recursos para defenderse.
- Correr si es necesario y buscar protección en otra persona. Escapar de una situación no es cobradía, habrá oportunidades en que será mejor no enfrentar la situación.
- Defensa física si es necesario. A pesar de que usar la violencia no es lo ideal y debe ser el último recurso, hay que explicarle al niño, que en ciertas ocaciones, cuando vea que no hay otra alternativa, debe saber protegerse y usar la defensa física. Esto cuando el niño es víctima de maltrato físico y lo lastimarán, no puede escapar o no hay nadie que lo pueda ayudar.
- Incentivarlo a hacer amigos. Tener buenos amigos siempre será una protección natural. Por ejemplo, puede llevar una pelota al recreo para que despierte el interés de sus otros compañeros.
Más allá de cómo enfrentar diferentes situaciones, la herramienta más valiosa que podemos entregar a nuestros hijos para evitar que sean víctimas de maltrato, es fortaleciendo su autoestima, la autoconfianza y seguridad en sí mismos.

  Ignacia y Javiera Larrain

agosto 22, 2016

Las distintas etapas del enojo




Los chiquitos de 2 años muestran su enojo pegando, pateando, gritando, empujando, mordiendo, pellizcando: a cada rato se llenan de frustración por las miles de cosas que no los dejamos hacer, o las que los obligamos a realizar, o las que no pueden (porque no tienen fuerza o habilidad para lograrlas). 

Carecen de la riqueza de vocabulario y de la capacidad de hablar de lo que les ocurre, y por eso se expresan a través de su cuerpo. Algunos pocos se retiran o se duermen ante alguna contrariedad, pero la mayoría nos hace notar con fuerza su disgusto. A los 3 años los chicos empiezan a hablar más y mejor, y entonces ya no pegan, muerden ni gritan tanto, pero en cambio empiezan con los insultos: "mala", "tonto", y otros epítetos más subidos de tono, especialmente a mamá, pero también a papá y a otros cuidadores. 

Es una forma más evolucionada de reaccionar, todavía no pueden hablar de lo que les pasa, pero es un gran avance en relación con la etapa anterior de reacción física inmediata. Llamo al insulto "patada verbalizada", porque convierten su enojo en palabras en lugar de acciones, por lo que habría que alegrarse (aunque nos cueste, porque es muy diferente que lo que nuestros padres hicieron en nuestra infancia), o por lo menos no enojarse tanto y no darle demasiada trascendencia salvo que digan algo extremadamente grosero.

A los 2 años no funciona responder a sus conductas con fuertes retos y penitencias porque no resuelven el problema, sino que más bien lo fijan, y lo mismo ocurre a los 3 con los insultos. Resulta más útil y eficaz en las dos edades poner en palabras el enojo que registramos detrás de ese golpe o insulto y entonces decirles: "Estás enojado conmigo", o "qué rabia tener que dejar de jugar para ir a bañarte", o "¿justo ahora hay que apagar la tele?" y nada más. Si no logra calmarse con nuestra puesta en palabras de lo que le pasa, repetimos la frase: "Estás enojado" y agregamos: "Pero a mamá no se le habla así", y si aún así sigue sin detenerse, pasaremos a anunciar una consecuencia corta, cumplible, relacionada con su enojo, activa, reparadora: "Si volvés a hablarme así vas a? hacerme un dibujo, ayudarme a cocinar, salir de la cocina (un ratito corto)".

Recién a los 4 pueden hablar más articuladamente de lo que les pasa ("yo quería saludar primero a papá") y ya no empujan al hermanito que llegó primero ni le dicen "¡tonto!" a los gritos porque le ganó.

Nuestros hijos chiquitos se enojan muchas veces por día con nosotros, nos ven malos y también nos adoran, nos celan, nos quieren exclusivamente para ellos, quieren hacer siempre lo que quieren, todo eso junto y también separado.

Y saben que cuando se portan mal los adultos vamos a toda velocidad hacia donde ellos están, cosa que lamentablemente solemos no hacer cuando nos llaman para mostrarnos un dibujo o la prueba genial que se les acaba de ocurrir; saben que sus acciones o sus insultos garantizan atención y presencia inmediata, y es tan eficaz que no dejan de hacerlo.

Todos tenemos buenos y malos deseos y pensamientos, y al crecer y madurar vamos eligiendo "portarnos" bien. Lo importante es que nuestro hijito no se sienta malo por decirle mala a su mamá o por empujarla; los padres tenemos que aprender a sobrevivir sin daño, sin ofensas, venganzas o culpabilizaciones a esos "ataques", porque así los mismos chicos se sienten menos malos y, lo que es muy importante, aprenden a separar pensamientos, sentimientos y deseos de acciones y palabras.
No es casual que los malos de los cuentos tradicionales existan desde hace muchos años y perduren; tranquilizan a los chicos de que ellos no son los únicos que sienten esas cosas, aunque también les encanta saber que los buenos ganan.

PARA LA NACION

mayo 23, 2016

Corrección Emocional VIDEO

Corrección emocional es el tono, el sentimiento, cómo decimos lo que decimos, el respeto y la compasión que nos mostramos recíprocamente. Video de TED



mayo 11, 2016

Autocontrol Emocional y la utilidad del mal humor, el enojo, la melancolía, el miedo, la tristeza.

Daniel Goleman defiende que en la empresa, cuando hablamos de autocontrol emocional no estamos abogando, en modo alguno, por la negación o represión de nuestros verdaderos sentimientos.

El "mal" humor, por ejemplo, también tiene su utilidad; el enojo, la melancolía y el miedo pueden llegar a ser fuentes de creatividad, energía y comunicación; el enfado puede constituir una intensa fuente de motivación, especialmente cuando surge de la necesidad de reparar una injusticia o un abuso; el hecho de compartir la tristeza puede hacer que las personas se sientan más unidas y la urgencia nacida de la ansiedad —siempre que no llegue a atribularnos— puede alentar la creatividad. 

 También hay que decir que el autocontrol emocional no es lo mismo que el exceso de control, es decir, la extinción de todo sentimiento espontáneo que, obviamente, tiene un costo físico y mental. La gente que sofoca sus sentimientos —especialmente cuando son muy negativos— eleva su ritmo cardíaco, un síntoma inequívoco de hipertensión. Y cuando esta represión emocion
al adquiere carácter crónico, puede llegar a bloquear el funcionamiento del pensamiento, alterar las funciones intelectuales y obstaculizar la interacción equilibrada con nuestros semejantes. Por el contrario, la competencia emocional implica que tenemos la posibilidad de elegir cómo expresar nuestros sentimientos.

OBJETIVOS DE NUESTRAS EMOCIONES BÁSICAS:

    Miedo: el objetivo es la protección y el cuidado.
    Afecto: el objetivo es la vinculación.
    Tristeza: el objetivo es el retiro. Cuando sentimos tristeza nuestro organismo nos está diciendo "retírate de ahí y vuelve a estar contigo".
    Enojo: el objetivo es la defensa.
    Alegría: su objetivo es la vivificación. Viene a ser la batería de nuestra existencia.


CURSO ON LINE DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
INFORMACIÓN EN: http://www.inteligencia-emocional.org/curso/index.htm

abril 27, 2016

Los cuerpos también se alienan

La conspiración del silencio

Los cuerpos también se alienan



Siempre me he sentido —y ahora me reprocho— una persona bastante descorporalizada, poco dada al afecto, al contacto, al ejercicio. Pero, sea por fascinación hacia lo extraño o por curiosidad hacia lo ineludible, en los últimos años ciertas lecturas e inquietudes me han hecho más sensible al movimiento corporal, propio y ajeno. Han despertado en mí una “conciencia uncida a la carne”, como reza el magistral título de los diarios de Susan Sontag. Un interés que no sólo proyecto sobre la pantalla cinematográfica, hacia donde se dirigen la mayoría de mis reflexiones escritas, sino que también detecto en la calle, en el metro, en los bares, en las casas, cual etólogo, especialmente en lo que respecta a las experiencias somáticas y afectivas ligadas al movimiento corporal, y el modo en que su regulación social las condiciona. Por ejemplo, la relación entre género, movimiento y emoción, cuestión sobre la que arrojo tres apuntes, y el bosquejo de una conclusión.
Uno: El movimiento y la emoción son dos fenómenos corporales vinculados. Se abrazan, se acompañan, se alimentan mutuamente. Para empezar las emociones nos mueven, nos ponen en moción, como su propio nombre indica. Los cambios corporales y las tendencias de acción que desencadenan producen determinadas sensaciones cinestésicas en los sujetos que las padecen. Sensaciones de movimiento corporal propio, en ocasiones provocadas por una actividad ejecutada, como apartarnos de algo que nos da asco, sea una comida putrefacta o un gesto deleznable. En otros casos por la mera potencialidad de acción que instauran, que experimentamos como una relación dinámica del cuerpo con el espacio, con su magnitud, sus ritmos, sus fuerzas, su textura, y nuestra posición, extensión y intención en él.
Estas sensaciones resultan especialmente palpables en las emociones que preparan acciones drásticas, como el miedo o la ira, donde la respuesta física implica unos movimientos directamente observables y sensibles. Pero también en emociones con menor urgencia a la acción, donde la experiencia del tono corporal se impone a la de su motricidad. La alegría, por ejemplo, produce una sensación de expansión, elevación y entonación corporal directamente sensible sin necesidad de que el cuerpo que la padece se mueva explícitamente. Algo vibra enérgicamente en el interior del gozoso, lo exhiba o no. Tanto que en ocasiones tendemos a dar rienda suelta a dicho fulgor, ventilándolo en forma de abrazos, saltos y los más rocambolescos bailes. Del mismo modo, la tristeza viene acompañada por una sensación de concentración, decaimiento y languidez corporal difíciles de ocultar, dado el afán de nuestra postura por manifestarla. Pareciera que la gravedad se ha marcado una victoria, y el cuerpo se percibe pesado, empequeñecido, presionado, resultando todo movimiento un esfuerzo desmedido. Vamos, en definitiva: a pesar de que moción y emoción son experiencias distintas, se integran dinámicamente en una forma singular de “ser un cuerpo”.



Dos: No extraña, por lo tanto, que la situación somatomotora afecte inversamente a los afectos. La psicóloga Amy Cuddy defiende que sostener “posturas de poder” —gestos expansivos, distendidos, ostentosos— durante unos minutos puede desencadenar una reacción hormonal con consecuencias positivas sobre la confianza y la tolerancia al riesgo. ¡Hacer para creer! Y más importante aún, los movimientos corporales actúan sobre las emociones. No las inducen, ojo. Una emoción es mucho más que el movimiento corporal que desencadena, o los cambios fisiológicos que la caracterizan, digan lo que digan las versiones más simplistas y popularizadas de la teoría somática (que Jesse Prinz, en su magnífico Gut Reactions: A Perceptual Theory of Emotion, desbarata lúcidamente desde dentro). Pero sí las favorecen y colorean. Digamos que secundan la emoción. De modo que, volviendo a los ejemplos anteriores, los movimientos expansivos, elongados, vitales propician e intensifican la alegría. La explayan. A la vez que pueden desbaratar la pena, contrarrestando la experiencia que desencadena. Y los movimientos concentrados, encogidos, fatigosos agudizan la tristeza, y boicotean el júbilo. En resumidas cuentas: existen formas de afinar las experiencias afectivas actuando directamente sobre el cuerpo, estableciendo desde la voluntad movilidades sensacionalmente productivas. Free your ass and your mind will follow.

Tres: El panorama expuesto resulta especialmente revelador a la hora de entender los vínculos entre el habitus corporal, lo somático y lo afectivo. Entre los modos aprendidos de movernos –actuar, circular, estar– y el universo de sensaciones por el que nos movemos. Porque la conducta individual se esculpe en sociedad, cincelada a golpe de normas que disciplinan el cuerpo, de la interacción con una red de comentarios aprobatorios y miradas juiciosas, respuestas cariñosas y gestos amonestadores, expectativas a las que uno se acomoda y modelos a los que se aspira. Un fenómeno que se nos revela especialmente al hacer comparaciones. Por ejemplo, al observar los diferentes modos de estar moldeados por las normas de género, que solicitan que la masculinidad y feminidad se performen desplegando, entre otras cosas, conductas corporales apropiadas a cada género. Conductas que terminan por inscribirse en el cuerpo en forma de hábito, y que, como se viene contando, moldean la propia experiencia somática y afectiva. De la motricidad a la motilidad, de lo voluntario a lo automático. Porque el género se hace y rehace en el quehacer diario.
En esta línea, sociólogas como Raewyn Connell —Gender and Power: Society, the Person and Sexual Politics— e Iris Marion Young —Throwing Like a Girl and other Essays in Feminist Philosophy and Social Theory— han escrito sobre los diferentes modos en que los cuerpos son socialmente invitados a ocupar el espacio en función del género al que se adscriben y son adscritos. A un lado del ring la extensividad corporal masculina, siempre abierta a conquistar el espacio, a tener una presencia física significativa en el mundo, que denote seguridad y poder. Al otro, por defecto, la concentración corporal femenina, de presencia mermada, vacilante, subordinada. Hay actividades donde ciertamente la feminidad parece tener el monopolio de la efusión, como el baile. Hay marcos gestuales que la hacen más permisible, como la sensualidad (¡sexy Sadie, you broke the rules!). Y por supuesto hay muchos otros factores implicados en la modelación de los cuerpos (geográficos, subculturales, personales). Pero cuidado, fémina, con realizar movimientos demasiado amplios, grotescos, extravagantes, es decir, que vagabundeen fuera de los límites del género. Porque la sanción siempre está al acecho.

Un encogimiento femenino performado diariamente, que se evidencia en los gestos más automáticos. Andar con pasos cortos, los brazos pegados y la mirada gacha, contoneando el cuerpo sobre sí mismo (porque el cuerpo propio es el único espacio al alcance de su dominio). Sentarse con las piernas cruzadas y las manos sobre el regazo (conformando un pequeño y dulce ovillo). Que al interactuar las muecas sean parcas, los gestos contenidos y las risas moderadas (cuando el llanto femenino tiene patente de corso). Esperar que las cosas sean acercadas y servidas (en bandeja de plata), en lugar de estirar el brazo y agarrarlas (por los cuernos). En definitiva, reducir el cuerpo y moverse con gracia, palabra que alude tanto al ademán delicado y la presencia encantadora, como al favor divino y una alegría de naturaleza moderada, revelando el estrecho nudo gordiano que ata cierta estética del cuerpo —al que debe aspirar la feminidad— con el mandato divino —léase patriarcal— y el júbilo atenuado—dócil, sometido—. Sólo falta el tiro de gracia.

Una conclusión: Vistas las implicaciones del movimiento sobre la emoción, esas normas sociales que vinculan la feminidad con una corporalidad concentrada resultan uno de los modos en que la violencia de género actúa de forma más escandalosamente silenciosa. Porque no sólo simbolizan el poder social del macho, reforzando las relaciones de dominación y subordinación, sino que lo materializan en cuerpo y mente. Una verdadera conspiración del silencio corporal —otra—, que se traduce en afonía emocional, en un enmudecimiento del júbilo, al contrarrestar la experiencia somática y afectiva que desencadena. Y que resulta especialmente retorcida por la separación entre su causa y su efecto. Porque el efecto es visible, sensible. Pero la causa se desdibuja en esa neblina de pequeños ademanes disciplinarios que han condicionado el cuerpo en el pasado, hasta hacer de su dócil movimiento algo en apariencia natural. Violencia sin golpes ni insultos, sino ejercida por la propia víctima. El imperio contraataca —que diría un amante de ciertas operetas espaciales—. El imperio del machismo, del patriarcado, del padre oscuro, que sigue colonizando cuerpos ajenos que quieren andar por los cielos, despegar, pero se ven fijados al suelo.
Pero no perdamos la esperanza. Esto no va de derrotismo, sino de conciencia. De conciencia uncida a la carne, como advertía al comienzo. Porque las normas que regulan los cuerpos femeninos no están escritas en piedra, sino precisamente en la carne que los conforma. En carne sensible. En carne sensible al cambio, a nuevas formas de moverse en la extravagancia. Y superar gozosamente esta dominación afectiva, esta conspiración del silencio, a golpe de aspaviento.

https://elestadomental.com/diario/la-conspiracion-del-silencio

abril 12, 2016

Cuando un paciente viene a su consulta, ¿cómo descubre cuál es su enfermedad? --Mirando cómo se mueve, su postura, la forma de mirar.

No estamos acá para juzgar la medicina ayurvédica porque desconocemos su alcance y efectividad.
Pero esta entrevista es interesante para ver como se ve la interrelación profunda de cuerpo y psiquis desde esta disciplina.



ENTREVISTA A UN MEDICO TIBETANO LAMA TULKU LOBSAN

--Cuando un paciente viene a su consulta, ¿cómo descubre cuál es su enfermedad?
--Mirando cómo se mueve, su postura, la forma de mirar. No hace falta que me hable ni me explique qué le pasa. Un doctor de medicina tibetana experimentado, solo con que el paciente se le acerque a unos 10 metros, puede saber qué dolencia sufre.

--Pero también escucha los pulsos.
--Así obtengo la información que necesito de la salud del enfermo. Con la lectura del ritmo de los pulsos se pueden diagnosticar un 95% de las enfermedades, incluso psicológicas. La información que dan es rigurosa como la de un ordenador. Pero leerlos requiere mucha experiencia.

--Y después, ¿cómo cura?
--Con las manos, la mirada, y preparados de plantas y minerales.

--Según la medicina tibetana, ¿cuál es el origen de las enfermedades?
--Nuestra ignorancia.

--Pues perdone la mía, pero, ¿qué entiende usted por ignorancia?
--No saber que no sabes. No ver con claridad. Cuando ves con claridad, no tienes que pensar. Cuando no ves claramente, pones en marcha el pensamiento. Y cuanto más pensamos, más ignorantes somos y más confusión creamos.

--¿Cómo puedo serlo menos?
--Le daré un método muy simple: practicando la compasión. Es la manera más fácil de reducir tus pensamientos. Y el amor. Si quieres a una persona de verdad, es decir, si no la quieres solo para ti, aumenta tu compasión.

--¿Qué problemas ve en Occidente?
--El miedo. El miedo es el asesino del corazón humano.

--¿Por qué?
--Porque con miedo es imposible ser feliz, y hacer felices a los otros.

--¿Cómo afrontar el miedo?
--Con aceptación. El miedo es resistencia a lo desconocido.

--Y como médico, ¿en qué parte del cuerpo ve más problemas?

--En la columna, en la parte baja de la columna: os sentáis demasiado tiempo en la misma postura. Vitalmente, tenéis demasiada rigidez.

--Tenemos muchos problemas.
--Creemos que tenemos muchos problemas, pero en realidad nuestro problema es que no los tenemos.

--¿Qué quiere decir?
--Que nos hemos acostumbrado a un nivel de necesidades básicas cubiertas, de modo que cualquier pequeña contrariedad nos parece un problema. Entonces, activamos la mente y empezamos a darle vueltas y más vueltas sin solucionarlo.

--¿Alguna recomendación?
--Si el problema tiene solución, ya no es un problema. Si no, tampoco.


--¿Qué relación tiene usted con su mente?
--Soy una persona normal, o sea que a menudo pienso. Pero tengo entrenada la mente. Eso quiere decir que no sigo a mis pensamientos. Ellos vienen, pero no afectan ni a mi mente ni a mi corazón.

--Usted se ríe a menudo.

--Cuando alguien ríe, nos abre su corazón. Si no abres tu corazón, es imposible tener sentido del humor. Cuando reímos, todo es claro. Es el lenguaje más poderoso: nos conecta a unos con otros directamente.


--¿Qué le gustaría ser de mayor?

--Me gustaría estar preparado para la muerte.

--¿Y nada más?
--El resto no importa. La muerte es lo más importante de la vida. Creo que ya estoy preparado. Pero antes de la muerte, debemos ocuparnos de la vida. Cada momento es único. Si damos sentido a nuestra vida, llegaremos a la muerte con paz interior.

--Aquí vivimos de espaldas a la muerte.
--Mantenéis la muerte en secreto. Hasta que llegará un día de vuestra vida en que ya no será un secreto: no os podréis esconder.
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Curso on line de Inteligencia Emocional con aplicación práctica en Salud
http://www.inteligencia-emocional.org/curso/index.htm


febrero 10, 2016

Para obsequiar a nuestros hijos



“¡Enséñame cómo lo haces!”
“¿A ti qué te parece?” o “¿qué opinas de eso”?,
“Me gusta mucho hacer esto contigo”,
“Estoy feliz de tenerte”

enero 22, 2016

SOBRE LA PREOCUPACIÓN y LA PREOCUPACIÓN CRÓNICA y REPETITIVA




SOBRE LA PREOCUPACIÓN:


- Es el núcleo de toda ansiedad.

- La reacción que se encuentra por debajo de la preocupación es la vigilancia con respecto a un peligro potencial.

- La preocupación es un ensayo de lo que podría salir mal y cómo enfrentarse a ello


SOBRE LA PREOCUPACIÓN CRÓNICA Y REPETITIVA:


- La dificultad es que nunca llevan a una solución positiva.

- Las preocupaciones crónicas son un asalto emocional de tono menor: surgen de la nada, son incontrolables, generan un murmullo de ansiedad, son impermeables a la razón y bloquean a la persona en un único e inflexible punto de vista acerca del tema que le preocupa.

- Cuando este mismo ciclo de preocupación se intensifica y persiste, se hace más confusa la línea que lo separa de los auténticos asaltos nerviosos, los trastornos de la ansiedad: fobias, obsesiones y compulsiones, ataques de pánico.

- En todos estos estados, el común denominador es la preocupación que causa estragos.

- La mayor parte de las personas que se preocupan constantemente pueden no dar la impresión de que lo hacen.

- Las soluciones nuevas y las formas renovadas de considerar un problema, no surgen típicamente de la preocupación, menos aún de la preocupación crónica.

- En lugar de encontrar soluciones a estos problemas potenciales, las personas que se preocupan en exceso simplemente reflexionan sobre el peligro mismo, sumergiéndose de una forma discreta en el temor asociado con este mientras permanecen en la misma rutina de pensamiento.

- Las personas que se preocupan en exceso y de una manera crónica lo hacen con respecto a una amplia gama de asuntos, la mayoría de los cuales casi no tienen posibilidades de ocurrir.


Extracto- Artículo completo nuestra página web:

http://www.inteligencia-emocional.org/investigaciones/acercadelapreocupacion.htm